Sonoro

Érase una vez: FASCINOMA

Uno de los mejores festivales de música electrónica en el año, aconteció el pasado fin de semana en Puebla. No lo decimos por el tamaño ni por los nombres que deleitarían a los asistentes, sino por la increíble propuesta completa de lugar, concepto y line up que sólo melómanos de hueso ancho apreciarían. Nos vimos obligados a enviar a alguien que supiera redactarnos de manera honesta lo que se vivió dentro del festival, para ello nada mejor que el gran Orihuela como periodista de campo.

Por: Orihuela
Foto: Elizabeth Cacho, María José Sánchez & Alan Vázquez Fregoso – Alanezgo


El festival de tres días no pudo tener mejor nombre, mejor locación ni mejores invitados, todo estaba bien descrito en una palabra: Fascinoma.

Del 11 al 13 de noviembre, tuvimos la oportunidad de disfrutar de una gran lista de 40 artistas  nacionales e internacionales, siendo sede una antigua fábrica textil en Metepec, Atlixco; Atlixco es ya de por sí, un lugar de místicas historias en donde se cuenta los ovnis hacen presencia, el mejor clima del mundo y ahora también se hablará del Fascinoma.

Cuando llegamos, lo primero que hicimos fue recorrer todo el lugar lo mejor posible para conocer dónde viviríamos por prácticamente tres días: la zona para acampar, el escenario UFO, el escenario XX, los hoteles dentro del centro vacacional, la virgen que cuidaba la entrada de los  baños y los baños mismos con regaderas y agua caliente. Por otro lado, los audios de ambos escenarios, mientras descifrábamos cuál de ellos era el principal sin darnos cuenta que había una línea para cada uno y entender que no había uno mejor que el otro.  Cuando vimos tanto extranjero no dudamos en preguntar si estaban de paso, y no, desde Suecia, Estados Unidos de América, Alemania y otros países habían venido sólo al festival, desde ahí ya era una señal de que estábamos metidos en el mejor lugar.

Llegando la media noche, se notaba ya la asistencia, era el final de Siete Catorce y la gente ya comenzaba a calentar motores. Ácido, tachas, coca, cerveza y mota, eran  los más sonados y fueron los encargados que desde la primera noche, pese a la lluvia, todo fuera de maravilla. Yo me chingué un ajo, “delfín” le llamaban y con el show de MachineDrum mi cuerpo no fue más que un objeto, más con el que Travis Stewart hacia de las suyas; y la noche apenas  iniciaba.

La lluvia se hizo presente más tarde, pero al ritmo de Kode9 combinado con un estupefaciente, ni se sentía, es más, alguien me dijo “¡qué pedo!, vamos a cubrirnos, ¡mírate! estás escurriendo, ¿no tienes frío?”  y no, no lo tenía, estaba tan entrado en los beats y las luces, tan clavado pensando que pasaría un año para repetir la experiencia que no quería arruinarlo pensando en la lluvia y el frío.

Llegó el primer amanecer y con ello, un silencio de unas tres horas aproximadamente, teníamos una linda vista hacia Atlixco, un aire fresco y más relajante que el de la ciudad, algunos iban a refugiarse a sus casas de campaña y otros a su cuarto de hotel, algunos sólo daban vueltas esperando el siguiente acto y por fin llegó la segunda ronda, la segunda y más larga ronda de música sin interrupciones.

Los atuendos cambiaron, ahora que el sol parecía estar presente por un buen tiempo, hubo desde trajes de baño hasta bermudas con playeras hawaianas y sandalias y no faltó quien quiso conservar su atuendo pero sin tanto cobijo, todos en dirección del escenario que daba sus primeras señales del día, el escenario XX. Y así dio inicio el segundo día.

Cuando Dam-Funk apareció, fue el momento adecuado para correr a la alberca y gritar “¡Fascinoma!” ignorando si tenías o no el outfit permitido para meterte a la alberca, todo se trataba de disfrutar, y si parte de ello era romper una regla que en realidad a nadie dañaba, pues ¿por qué no?.

El bass fue el pan de cada día, con las frecuencias bajas de Palms Trax, Larry Heard, Ruido Lo-fi, The Gaslamp Killer, Lucy, Mala, siendo éstos los protagonistas del segundo al tercer día.

Logré sobrevivir a mi modo a este gran festival y no, para el segundo día estuve “limpio”, pues quise confirmar que todo era grandioso sin necesidad de algún ajo, un porro o cerveza y hablando de cerveza, Siete Catorce se me acercó, me reconoció y cotorreando me insinuó que le invitara una cerveza, el tipo lo conozco de tiempo y sin pensarlo le dije “Vamos, hasta me ofendes” pero no hubo cambio y quedó pendiente (saludos Marco, en la próxima que te vea yo te pongo ebrio).

Cuando asisto a un festival no voy sólo a ver al que conozco, es más, todos deberíamos entenderlo de esa forma, deberíamos ir a los festivales a conocer, si hay alguno que conozcamos pues quizá verlo, yo lo hice con Siete Catorce y después de él, todo fue nuevo y lo nuevo en esta ocasión, fue muy grato.

El festival Ecco fue grande pero de éste sólo quisiera remarcar a Un Reve, quien hasta llorar hizo a algunos de los presentes, a mí me hizo reflexionar y quitarme la depresión de “a mentis” que traía, cerró con “The blue is true” y fue el mejor momento para descansar de los bajos y relajarte lejos de la ciudad de Puebla, la ya muy parecida ciudad capital.

Todos los artistas fueron únicos pero para mí éstos fueron los que me hicieron vibrar más que los demás: MachineDrum, Un Reve, Siete Catorce, The Gaslam Killer, Ruido – Lo fi, Mala y Larry Heard.

Fue así como tuvimos una experiencia diferente, nueva, fue una propuesta que al menos yo no conocía ni imaginaba y vaya que confirme que no, los estupefacientes no eran necesarios para poder disfrutarlo al máximo. El festival de dos días no pudo tener mejor nombre, mejor locación, ni mejores invitados, todo estaba bien descrito en una palabra: Fascinoma.

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