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¿Dónde está el porvenir?

Por: Paris Baca

“El mundo está podrido y también yo” dice un Mierda Punk en el primer cuadro de Sábado de mierda (1988). [1] Es la juventud de los 80’s y la zona semiurbana del cinturón de marginación social –que aún persiste– que va de Tláhuac a Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, el oriente de la Ciudad de México y su zona conurbada; también es el rock y el punk insertándose con fuerza como alternativa para afrontar un mundo que se les niega, o mejor dicho, que los niega por ser marginados, por vivir cerca de los rellenos sanitarios de la ciudad, por vivir en donde pocos antes habían pisado y muchos otros estarían por llegar, por estar en donde los servicios básicos, agua, luz, drenaje, asfalto, son cosas que pocas veces llegan cada sexenio y sin embargo ahí está, en cada casa, en cada esquina la pinta del PRI, porque es ahí, en esos sectores donde cobró su fuerza dándole a los necesitados lo que ellos veían como caridad, alumbrado público (sólo en las vías principales), agua (de vez en cuando), tubería y drenajes (de a poco, inclusive ahora), son los marginados por el simple hecho de vivir.

  • [1] Cortometraje dirigido por Gregorio Rocha en 1988. Las ligas a los vídeos serán puestas al final del trabajo en la sección de sitios web.

La pregunta aquí es ¿por qué el punk y el rock reflejan “los ochenta” de la sociedad mexicana, la sociedad de los extremos urbanos, de las colonias olvidadas, no aquella sociedad de disco y pop donde sólo los fresas y niños ricos se sienten convidados? Porque, ¿quién iba a identificarse con Tarzan Boy sino un completo idiota que se luce, o con un ridículo Billy Joel? Si acaso los hubo, en la frontera urbana el estilo y el modelo de comportamiento adoptado entre los jóvenes tenía que ser el rock, el punk. Porque tocaban una fibra muy sensible del tejido social, aquella que tenía que ver con los desplazados, los olvidados y que no era cuestión del todo nueva en la ciudad pues ya desde los años cincuenta se mostró aquella cara de la ciudad que incomodó al odioso Cine de Oro mexicano.[2] El joven ochentero se identifica con estos movimientos contraculturales porque al igual que ellos causan incomodidad a los que malamente se nombraron normales, y andan por ahí a contracorriente, en serio, a contracorriente caminan sobre Bucareli esperando a que el semáforo se ponga en rojo para lanzarse sobre los autos y limpiar el parabrisas.[3]

  •  [2] Los olvidados de Luis Buñuel en 1950, film que, es de sobra conocido, contó con un final alternativo que se adaptara al “sensible público mexicano” y que valió la expulsión del artista y el veto de la película a los pocos días del estreno.
  • [3] Entre la ficción y realidad se juega el videoarte de Andrea Gentile en La neta no hay futuro (1988), y el de Sarah Minter corroborando lo anterior en su ficción-documental Nadie es inocente. Veinte años después (2008).

Creo que la denuncia social desde siempre le ha correspondido a los habitantes de estas zonas, a veces no necesariamente ubicadas en los extremos de la ciudad sino en los barrios populares que se encuentran en sus entrañas, aunque esta denuncia pocas veces ha sido hecha por la gente que pertenece ahí. Antes bien, las muestras de este tipo de condiciones han sido hechas por personas que se acercan con un interés –vamos a conceder la legitimidad de esto– que se percibe claramente desde la alteridad, es decir, buscan retratar al otro creando una imagen que choca con la sensibilidad de los iguales al denunciante. Esto ha provocado posturas de repulsión por los marginales hasta algunas claramente altruistas aunque odiosas por la torpe benevolencia con que son llevadas a cabo.

Entienda el lector que no es el punk ni el rock, ni la marginación social per se, nuestro punto central, sino cómo los fenómenos urbanos que se dan bajo este tipo de máscaras mostraron que “El milagro mexicano” terminó en fracaso, aunque esto nunca ha sido reconocido oficialmente por el gobierno. Es evidente que aún hoy persiste la desigualdad social y el desplazo o rechazo por todos aquellos que fueron víctimas del sistema político que se vio fácilmente superado en la resolución de las demandas que tuvieron –y tienen– los habitantes de los extremos de la ciudad.

Tanto es el contraste que existe entre la ciudad y lo que ahora son ciudades satélite, que en su comienzo fueron baldíos y llanos polvorientos, que cualquier acto de cultura llevado a cabo en ellos es un reflejo de las condiciones en que se vive, de la injusticia y el abuso policial. Ahí, aquí, en el lado marginal de la vida urbana se cumple la escritura profética de Walter Benjamin cuando habla del desfile triunfal que pasa ante los vencidos llevando en sus arcas lo que llamamos bienes culturales. Y habrá que tomar en todo lo que significa el concepto de fantasmagoría que lleva en sí la producción de videos y filmes de los cuales se ha partido para llevar a cabo esto. Pues bien, Sarah Minter, Gregorio Rocha, Andrea Gentile, Sergio García, y directores que se acercaron sin miedo, de buena fe, sin pretensión de establecer un análisis sociológico de lo que ahí pasaba –que creo, una decisión acertada– toman la voz, sin arrebatarla, de todos aquellos que los sordos no logran escuchar y la traducen al lenguaje de las señas que puede dar el arte, aquel lenguaje al que los más pretenciosos prefieren atender aunque lo hagan tan sólo en la superficie[4]

  •  [4] No es mi intención demeritar el aspecto artístico de la obra, antes bien creo que este radica en un aspecto para nada snob al que muchos en su momento aprehendieron. Así se escinde un aspecto de la realización del material que ahora abordamos, su carácter artístico que sólo pudo aprehenderse tiempo después y aquella construcción del fetiche del que forma parte todo proceso de producción que fue aprehendido, a mi parecer, bajo la alteridad que otorga la condición social de los que ven este material y se saben ajenos, expulsados y, que no obstante tratan de entrar.

“¿Por qué eres punk?” – le preguntan a El Kara mientras él y su banda Los Mierda Punk se encuentran en una sala improvisada en medio de un basurero al que suelen ir a recoger la ropa que los de la ciudad desechan– “porque nosotros somos renegados ante todo, porque la sociedad nos margina hijo, simplemente” –a su alrededor se levanta el polvo del llano y se confunde con el humo del toque que corre entre en ellos, El Kara a punto de dar un discurso de lo que percibe en la realidad que vive y su motivación para pertenecer al movimiento punk es interrumpido por uno de sus amigos que decide bajar su mona y gritar, visiblemente sacudido por los efectos del solvente. Sábado de mierda es un día en la vida de los Mierda Punks. Suenan los Sex Pistols y comienzan a peinarse entre ellos, se levantan sus crestas y tiñen su cabello de color verde, amarillo o azul. Es hora de ir al “tokin” pero falta transporte, secuestran un camión de basura, siguiente parada: las chelas, acto seguido, roban una tienda de abarrotes, ya entre el cotorreo habitual alguien grita “la neta no hay futuro” y todos siguen este grito, poderoso, demoledor. El día acaba cuando un miembro de los Mierdas es picado y convulsiona ante la cámara en medio de un “slam”, las bandas se forman y los morros gritan “vamos a la madriza”, piedras y palos son las armas, tumulto, golpes, y llega la policía. Todos corren sabiendo que al que apañen saldrá por su cuenta aunque los Mierdas al ver que falta uno de sus cuates –el Ojitos– deciden amotinarse contra los patrulleros y un auto de policía arde en medio de la noche.

En Nadie es inocente (1987) de Sarah Minter que compartió el material fotográfico con Gregorio Rocha para Sábado de Mierda, aparece también “El Kara”, el primer cuadro lo muestra sentado en un tren con destino incierto, decide salir pero deja el testimonio de lo que ha vivido, sabe que tal vez no vuelva y es en la nostalgia donde decide abrirse a lo que fue su estancia: “pos ya qué, vámonos… no pues’tan chidas sus calles, todas llenas de piedras, ¿no?, las casas todas cochambrosas, mugrosas y llenas de pulgas pero pues también, comoditas”. En Nadie es inocente. Veinte años después (2008) Minter se acerca a lo que fue el futuro de esos chavos que fundaban bandas y tenían un territorio, el porvenir se les escapó, algunos, incluso miran su aventura en una televisión gigante sentados en un cómodo sofá pero, ¿dónde está la tierra prometida, acaso es el confort ganado con trabajo o esfuerzo o algo más allá de su trinchera a un costado de la ciudad que va creciendo?

¿Y qué pasa con el centro? Decir que los habitantes de Ciudad Nezahualcóyotl merecen mayor atención gubernamental que los que viven en las colonias populares sería mantener una postura de conmiseración ante ellos. También las colonias y barrios populares en la entrañas de la ciudad fueron víctimas de la modernización y la moral represora que puso al alcance de la policía, los lobos, al cordero que es el pueblo y que debían de pagar su debida cuota con sangre. Un toke de roc. Ópera en tres actos (1988) de Sergio García, lleva de manera fantástica la vida de cuatro muchachas en la ciudad, que por una casualidad siguiendo el cronotopo del camino se encuentran, sin contar con alguien más que sólo ellas -las chicas- tienen que robar para sobrevivir siendo prontamente fichadas por la policía quien mostrará su verdadera cara temible, un filme que puede entrar tardíamente en la categoría de surrealista, musicaliza sus escenas con canciones de Three Souls in My Mind, Rockdrigo González, Cecilia Toussaint, Jaime López, entre otros. Cada escena es un recorrido por diferentes aspectos de la vida cotidiana que de manera casi natural contiene elementos que saltan a lo ordinario. La ciudad es un entorno caótico y la lucha para sobrevivir se muestra clara. “Cuidado con la neurosis en el poder” reza una pinta de una de las muchachas y anuncia el paso frenético que habrá de caracterizar a la ciudad, la publicidad que invade cada rincón de las avenidas principales. Otra pinta: “El sueño ha muerto” y en seguida las imágenes de los edificios destruidos, la gente tratando de salir de los escombros, un terremoto ha sacudido la ciudad.

Tal vez la obra más representativa de este periodo sea la película de Paul Leduc ¿Cómo ves? (1986), donde la urbanización del oriente de la ciudad se percibe a partir del retrato de los que viven en una vecindad que es asaltada por policías, las familias terminan mudándose y en su lugar, en el último cuadro aparece un letrero anunciando la pronta inauguración de un centro comercial. Viaje musicalizado por El Tri, Rockdrigo, Jaime López y Cecilia Toussaint. La película si bien no pudo ser completada por falta de recurso y un conflicto entre los directores que participaban, pretende ser un retrato llevado a cabo mediante el recurso de falso documental musical, poniendo como eje la vida de un joven interpretado por Roberto Sosa. La vida de las vecindades, la cultura machista que viola el cuerpo femenino en más de una forma, los “tokines” de rock, la vida en las fábricas, los trabajos mal pagados, niños en drogas y demás fueron el día a día de lo que hoy forma parte del cinturón oriente de la ciudad. Un detalle que no debe dejarse de lado, aunque apenas perceptible al final de la película, es que la obra está dedicada al Fondo Monetario Internacional, sin duda un mensaje ácido.

Es la Ciudad de México y es la década de 1980, es la primer muestra que alcanza para derrumbar aquella promesa de ciudad que se iba a construir en las décadas previas, la que se anunciaba con increíbles complejos arquitectónicos y la exportación al mundo de una imagen de fortaleza, es la ciudad que mató a sus jóvenes, los desapareció y a los pocos días inauguraba sin luto los Juegos Olímpicos de 1968, que un personaje de Gelsen Gas en Anticlímax (1969) recorre por la Vía de la amistad, camino construido a propósito de los Juegos, la ciudad que se muestra así prometedora pero que ya enseña de a poco los colmillos y abre sus fauces. La ciudad burócrata abrió paso a la ciudad corrupta, la ciudad de la justicia policial que abrazó la impunidad y el vicio, la ciudad moderna que sufre de insomnio desde hace varias décadas, la ciudad que trepita y nos recuerda de qué estamos hechos, frágiles seres humanos que nos conducimos a los abismos y callejones húmedos y apestosos. La ciudad es un molino al que millares de locos enfrentan cada día.

Tal vez aún no estábamos preparados para el futuro y sin embargo aquí estamos.

Fuentes documentales (películas).

¿Cómo ves? (1986) de Paul Leduc.

Anticlímax (1969) de Gelsen Gas.

La neta no hay futuro (1988) de Andrea Gentile.

Nadie Es inocente (1987); Nadie es inocente. Veinte años después (2008) de Sarah Minter.  (viene en seis fragmentos, al fin de cada vídeo comienza automáticamente el siguiente)

Sábado de mierda (1988) de Gregorio Rocha.  (en dos fragmentos, el siguiente se reproduce en seguida del final de este)

Un toke de roc (1988) de Sergio Garcia. 

 

 

1 Comentario

1 Comentario

  1. Arturo Sebastian Mercado Martinez

    22 Julio, 2016 at 15:57

    Que buen articulo me recuerda mi oriente me hace comprender su realidad

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