Anaquel

Encuentros cercanos del tercer tipo y un oxxo

Por: Juan Cascabel

Antes de salir de casa recordé que olvidaba mis llaves, las vi sobre la pequeña mesa de centro y a su lado un encendedor verde fosforescente, pensé que tal vez podría servir de algo; me vino a la mente aquel personaje en De Perfil de José Agustín que describe cada fumada como si describiera una caricia, miré el encendedor sobre mi palma y lo metí en el bolsillo de mi pantalón.

Ese día oscureció más temprano de lo habitual, mi hambre de sed me orilló a un lugar que me pareció bello, como un caudal de agua cristalina en medio de un desierto, sí, un Oxxo. Ya que ese era el lugar de encuentro con un amigo, el Oxxo enfrente del motel Shangai,  entré por un six de Tecate en lo que hacía su aparición mi viejo amigo; como es mi costumbre, miré todos los refrigeradores haciendo como si pensara qué iba a tomar observando con detenimiento cada bebida, pero no, en realidad pensaba en otra cosa, no sé en qué, ralmente no importa; cuando una silueta me hizo sombra, de reojo pude ver un sombrero negro y una chamarra blanca, luego escuché una voz casi tibia, – ¿Qué cerveza te gusta más?  Sin voltear respondí – la que sea– giré la mirada hacia su rostro, era una chica (creí que a los oxxos no entraban mujeres, y mucho menos lindas). Como era de esperarse, me puse algo nervioso y seguía con mi falsa actuación frente a los refrigeradores, di pequeños pasos hacia la izquierda y esa voz regreso, otra vez tibia – ¿Me invitarías una cerveza? – Esa pregunta taladró mi cerebro y pensé en la escena cuando Maximillian Cohen se taladra el cerebro al final de Pi, el Orden del caos. Me vi.

Responder adecuadamente a esa pregunta se trata de un mero análisis matemático, en un segundo pude ver la creación del universo y la evolución del hombre, en un segundo; y con tal audacia respondí un maravilloso –Sí–.  Sonreí como idiota y tomé unas Tecates, –¿Te gustan esas?– Pregunté, –No, pero está bien– dijo con una leve sonrisa (ella no sonríe como idiota).

Pagamos las cervezas y salimos del Oxxo , inmediatamente nos miramos – Soy LunaHola– respondí –Juan Cascabel– giró su mirada hacia su gran bolso negro y lo esculcó con desesperación, yo la miraba y pensaba en mil cosas, cuando de pronto un extraño gritó algo desde el otro lado de la banqueta , cruzó la calle y caminó directo a mí, no le quité la mirada, traía una playera patética de un equipo de futbol patético y unas letras tatuadas en los dedos– ¿Tienes encendedor que me prestes? –dijo,  lo saqué de mi bolsillo y prendió su Camel que olía horrible, gracias dijo,  cuando estaba por guardar el encendedor otro sujeto con la mitad del rostro quemado se me acercó, – ¿Me prestas tu fuego? –, lo miré y pensé en la célebre frase que decía mi amigo Julio Melchor a la hora de pedirle que te sirviera más alcohol o te rolara el porro “Date en tu madre”; extendí mi mano y prendió su Delicado todo maltratado, me quedé pensando en estos dos fumadores extrañísimos, tan extraños como ese encuentro en Coffee and Cigarettes entre  Iggy Pop y Tom Waits en una cafetería. Cuando recordé que al lado había una chica linda que acababa de conocer en el Oxxo, volteé y la vi con un Marlboro blanco suspendido en la orilla de un infierno rojo, un rojo vivo que manchaba el filtro del cigarro, imaginé ser el cigarro, todo flaco y pálido, dispuesto a ser consumido por su propio goce, miré sus ojos negros (más negros que lo normal) y me acerqué a prenderle el cigarrillo, ella levantó sus manos salpicadas de pintura e hizo casita, inclinó su cabeza y prendió su cigarro ¡VAYA! Has salvado la noche con tu encendedor–  sonreí, como idiota claro.

Iggy Pop & Tom Waits in “Somewhere in California”

 

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