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Fuerza mayor o La causa imprevista de la existencia

Por: Omar Urcid. @omarurcid

La película comienza con una persona haciendo una fotografía a la familia protagonista del filme, así se nos presenta, padre, madre y dos hijos pequeños; de fondo, el blanco apabullante de la nieve. Durante la escena se les nota un poco incómodos posando para la fotografía, no posan como una familia amorosa disfrutando de unas vacaciones -aunque lo son-,  el fotógrafo les da indicaciones, de pronto un título aparece en pantalla “Primer día esquiando”.

Desde la primera parte del metraje sucede lo que será el punto de quiebre de la historia: la familia come en una terraza con vista a las montañas, cuando de pronto se produce una avalancha que se va acercando a ellos, observan el recorrido de la avalancha hasta que parece salirse de control y ser realmente una amenaza, comienza el pánico y todas las personas comienzan a huir del lugar, los niños se asustan y gritan, pero “Tomás”, el padre,  sale corriendo sin preocuparse de su familia mientras que Ebba, su esposa,  intenta abrazar a sus hijos para ponerlos a salvo.

La cámara es rígida y nos muestra todo el suceso sin ningún corte, haciéndonos notar en tiempo real lo rápido que pasó todo y cómo llega la calma, la avalancha resultó ser controlada sin más daños  que el propio susto, aunque para “Ebba”, ese suceso quedará fijado en su memoria desestabilizando la concepción que tenía de su esposo.

La estructura narrativa del filme es llevada con astucia, el tiempo narrado juega a favor de la construcción de personajes porque la escena clímax del film sucede al comienzo, esto ayuda a no tener más información sobre la personalidad de la joven pareja como para generar en el espectador un criterio de aceptación o rechazo sobre sus acciones, resultando difícil determinar si la reacción del padre ha sido del todo equívoca, ya que hablamos de una reacción humana ante una situación de supervivencia extrema,.

Östlund nos introduce en un juego moral donde se van soltando puntos de vista de los dos bandos bastante complejos como para ponerse del lado de uno, este juego de declaraciones sucede de manera sutil, primero parece ser sólo una anécdota con distintos puntos de vista la cual se cuenta casualmente pero no es así, los días transcurren y es así como Östlund quiere contar esta especie de crónica, marcando los días para ir mostrando el deterioro de la relación.

Lo interesante de Fuerza Mayor no sólo radica en los diálogos bien construidos y los personajes secundarios, también existe un aire de desconcierto que llena a la película de un ambiente extraño, la cámara observa a la familia en el baño cuando termina un día, mientras paralelamente máquinas trabajan preparando las pistas para el siguiente día; la música de Vivaldi retumba con fuerza dejando una sensación de misterio sobre el propio lugar, una especie de Haneke rodado en la nieve donde la violencia es psicológica,  superando lo emocional mostrado por la  situación vivida. Ya no se trata sólo de que “Tomas” haya huído de manera egoísta, sino que existe un conflicto de comprensión y aceptación hacia el otro, entender su contexto y sus razones resultan ser una práctica difícil que van más allá de la racionalidad de los hechos, como también puede ser entender porqué una pareja decide vivir un amor libre, donde tanto hombre como mujer aceptan acostarse con otros hombres y otras mujeres aún estando casados y con hijos, plática que desconcierta a “Ebba” la cual parece no estar  de acuerdo con esa práctica.

Al final, el cuarto largometraje del director sueco se vuelve un psicoanálisis fílmico que intenta cuestionar al hombre,  él mismo ha dicho que la escena de la avalancha es un pretexto que sirve para realzar de una manera muy bella lo que entendemos por “existencia”. Heidegger dijo que todo lo grande está en medio de la tempestad, indagando en la naturaleza de las emociones, los cuales son la base de la conciencia humana consiguiendo de esta manera una nueva visión del ser humano y su naturaleza. En Force Majeure, Östlund,  genera un debate sobre la naturaleza del ser, el hombre se muestra débil aunque no del todo, en un momento cae en llanto pero en otro es valiente, la situación es diferente, por lo tanto su reacción también lo es; la mujer muestra primeramente un valor de madre que cuida a sus hijos, pero al final de la película cae en pánico por cómo conduce el chofer del camión, lo cual hace que “Ebba” se baje del camión sin pensar en los demás, provocando un caos, todos bajan del camión y caminan juntos azarosamente por la carretera sin tener conocimiento realmente de lo que pasa, un guiño finísimo a El Discreto Encanto de la Burguesía de Buñuel.

El director de Play (2011)  termina su historia sin compasión, dejando un hueco a la reflexión sobre los roles que ocupa el hombre y mujer en la sociedad y si estos deben ser realmente asumidos como se pretenden, sin mayor cuestionamiento,  Fuerza Mayor acaba sin moraleja, porque no se trata de una fábula constructiva acerca de cómo ser un buen ser humano, la película exige más que un simple final.

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