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Galería Wandel, promover el arte emergente

Por Manuel A. Moreno Álvarez*

La efervescencia artística actual en la ciudad de Puebla atiende a las nuevas demandas de sus nuevos públicos. Los tiempos son vertiginosos y fenómenos como la globalidad del mercado y el tránsito de información hacen que esos “nuevos públicos” se interesen en los actores “novedosos” que han surgido en el actual escenario del llamado mundo del arte. Si para las últimas décadas del siglo XX figuras como el artista, el crítico de arte, el director de museo o el coleccionista y el conaissieur eran las figuras principales, actualmente es el papel del curador el que hace irrupción y desplaza a muchas de esas figuras. La idea del personaje y la disciplina curatorial es global, asimismo, los fenómenos mediáticos y la web nos los han presentado y actualmente en Puebla hacen insípida presencia y cobran interés en los reducidos grupos. Creemos, desde aquí, que la importancia del curador se centra en su tarea de introducir al espectador actual en ese movimiento artístico inusual que si bien existe desde inicios del siglo pasado, hoy identificamos laxa y ampliamente como “arte contemporáneo”, la disciplina curatorial trata de vincular los discursos plásticos y visuales a veces encriptados del artista con el contemplandor.

Al estar muy cerca de la Ciudad de México, la nuestra es víctima de modas y de imitaciones que buscan competir con la estructura consolidada de la capital mexicana. Tenemos instituciones públicas y privadas que gozan de prestigio pero éste no se ha centrado francamente en temas como el arte actual local, ni todas sus expresiones creativas y artificadoras de la contemporaneidad. La etiqueta barroca ha hecho mella en otro tipo de expresiones culturales y la estructura galerística comercial ha sacado provecho de ella siguiendo los mismos patrones mercadológicos de cualquier territorio geográfico que goza de alguna etiqueta comercial, identitaria y unificadora. Así, el galerísmo independiente, igualmente insípido, busca llenar de alguna forma esos huecos que la institución ha dejado de lado.

Con la profesionalización de los espacios expositivos y con los nuevos actores del mundo del arte, el circuito galerístico ha entablado alianzas para hacer del mundo exhibitivo en la ciudad de Puebla, un ambiente más reflexivo, profesional y atractivo para los visitantes y para todos aquellos asiduos contempladores de las muestras artísticas locales y regionales. Este es el caso de la Galería Wandel de la ciudad de Puebla.

Como un proyecto joven e independiente, la Galería Wandel nace para dar espacio de difusión a artistas actuales emergentes y para promover comercialmente sus propuestas. Ian Wenzel, propietario del espacio, entabla relaciones colaboracionales con esos personajes que antes eran en apariencia innecesarios: curadores, museógrafos, otros galeristas y teóricos del medio, que ven en la “caja blanca” todavía un recurso inmejorable para echar a andar y resguardar temporalmente proyectos que resulten atractivos a los nuevos públicos de las tendencias y acciones que se dan en otras latitudes que sí son potencias en arte contemporáneo. La galería se localiza en un punto neurálgico e histórico del arte poblano: el barrio del artista, un espacio polémico por las tendencias y medios que en él permean, de clara vocación costumbrista y comercial que expone al arte local como propio del gusto de un público que lo ve pintoresca y exóticamente. El aporte y reto de la Wandel es trasladar muestras de arte actual en todas sus propuestas y discursos a territorio tradicionalista y convencional que aún guarda relación en su forma de comercialización con las estrategias propias de inicios del siglo XX: el trato directo artista-comprador sin intermediarios. La visión de esta galería es ampliar el valor de cambio del objeto artístico por medio de un filtro galerístico que regule los precios en un deficiente mercado local y que permita que se genere una estructura completa de mercado. En esencia, precios justos y accesibles para la promoción del objeto artístico, la subsistencia del artista, fuentes de empleo para los actores periféricos (promotores, marchantes, gestores), la promoción de un coleccionismo emergente, joven y asequible y el sostenimiento de una infraestructura de mercado, que no sólo es sostenida por el valor de cambio sino por la creación, exploración y explotación de los valores simbólicos intrínsecos la obra de arte.

El espacio físico de la Galería Wandel es, de entrada, acogedor y sobrio, parte de un edificio novohispano que se divide en dos salas de paredes blanqueadas y muros gruesos; lo necesario en infraestructura para albergar en sus paredes muestras de pintores, dibujantes, grabadores, escultores y conceptualistas jóvenes que necesitan mostrar su trabajo pero que no son requeridos por la institución pública o privada por distintos motivos. Así, la Wandel se está convirtiendo en referencia que, esperamos, tenga una larga y productiva vida.

Nuestro papel en ese espacio es precisamente el de “nuevo actor”: curador independiente y colaborador de medio tiempo que elabora proyectos con cierta lógica que pretende interesar al visitante, que pretende presentar la importancia del arte actual de cara a los nuevos fenómenos culturales, sociales, organizativos, políticos y económicos que permean en el mercado artístico global. Trasladar toda esa lógica internacional a un espacio tribal como lo es el barrio del artista poblano, el que sigue ofertando muestras anquilosadas para presentar lo que ahí se fabrica no ha sido tarea ni fácil ni celebrada.

El primer proyecto curatorial que trabajamos en conjunto con la Wandel fue intitulado “El monstruo más monstruo de todos”, exposición que presentaba los resultados discursivos y estéticos de un fenómeno popular, asociativo-organizativo propio del centro histórico de la ciudad y sus espacios deprimidos: jóvenes egresados de la institución educativa pública que bajo la vía independiente (Cooperativa AVE) se asocian para crear espacios de promoción artística y fomento creativo; que bajo las técnicas gráficas acercan a los públicos a la participación ciudadana. Un proyecto que desde su lado artístico cultiva lenguajes propios de una generación formada en lo mediático y lo cibernético, desde los recursos tecnológicos no como medios del hacer sino como recursos para nutrir un imaginario. “El monstruo más monstruo…” presentaba presupuestos propios del arte contemporáneo que se acercaban en sus tratamientos temáticos, veladamente a problemas característicos de nuestro tiempo: la desilusión, la ensoñación interrumpida, la acción participativa ante problemas sociales, ecológicos y humanitarios en general. Asimismo diciembre y enero proyectaron una colectiva bastante peculiar y que ha sido –por fortuna— severamente criticada: una exposición en la que artistas de trayectoria se empalman en discurso con creadores nuevos, desconocidos. El hilo narrativo que los pone en dialogo es el de la rebeldía. Actitud propia de la juventud y conservada sólo por una estirpe artística, aquella que sabe muy bien cuál es su papel en el abigarrado e interminable mundo del arte. “[Otras rutas] del arte actual en Puebla” es el título que aglutina a este grupo tan informe. Lo que se pretendía exhibir es sólo una parte de esa larga lista de formas del hacer que persiguen fines específicos en la ciudad, desde aquellas que atienden estructuras estéticas y discursos políticos e históricos, las como las de lenguajes identitarios de lo diverso y las formas de vivir la ciudad en el tiempo actual, como también aquellas de ciertos fines complejos que se centran en ver la actividad creativa como productora de objetos con urgente valor de cambio. “[Otras rutas]…”, sin pretender ser polémica de origen expone un panorama ampliado de la actividad artística del centro de la ciudad, la que al margen de filias y fobias estéticas existe y es parte de esa actividad que despierta efervescencia y que pone en entredicho las reglas que se han venido siguiendo durante la segunda mitad del siglo pasado desde la institución cultural pública. Febrero está asociado a proyectos en el marco del festival Eros Puebla, siendo sede de su muestra plástica que intentará presentar lo seleccionado por los organizadores de esta iniciativa en su tercera edición, bajo una lógica curatorial visualmente narratológica de la que nosotros seremos en varios grados artífices.

Para terminar, el papel de la Galería Wandel es relevante porque se establece desafiante en un paisaje conservador, muy propio de los espacios gremiales como el barrio del artista y gubernamentales como el Consejo estatal de cultura, que defienden sus intereses y formatos de organización y promoción, los que también son válidos pero insuficientes para el panorama creativo actual en nuestra ciudad. Esta galería en su corta vida activa ha hecho promoción de artistas de todas las constituciones y de toda naturaleza productiva, en lo que resta del primer semestre del 2016 sus instalaciones se ocuparán de promover todo esa producción creativa emergente que surge, se construye y se viven en la ciudad de Puebla, para bien o para mal la Wandel es parte locomotora de esa efervescencia actual en el mundo del arte contemporáneo en la ciudad.

* Manuel A. Moreno Álvarez es curador independiente y crítico de arte, maestro en Estética y Teoría del Arte (BUAP) y licenciado en Artes Plásticas (Instituto de Artes Visuales). Asimismo se desempeña como adviser para artistas y bróker de arte contemporáneo poblano.

Facebook: Manu Moreno,
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