Anaquel

 Las ventajas de ser una asesina en la Era del Jazz (Parte 1)

Por Mónica Castro Lara

Sé que muchos de ustedes necesitan buena música para trabajar y/o hacer sus actividades diarias y por supuesto, me incluyo también; por lo que hace un par de días cuando me preguntaba qué soundtrack escuchar mientras trabajaba, pensé de inmediato en uno de mis favoritos: el de la película Chicago del 2002, basado en el musical de Broadway que se estrenó en 1975 y que es uno de los musicales con mayor número de presentaciones, no sólo en Nueva York, sino a nivel mundial. Una vez que me puse en mood teatro musical, canté el par de líneas que sí me sé de la canción “All that Jazz”, comencé de inmediato a hacer la conexión entre la historia y mi peculiar obsesión con la Era del Jazz… con razón es de mis musicales favoritos, si está desarrollado en plena década de los roaring twenties“. ¡Obviamente, Moniquita, obviamente! Si todo en el musical grita y vomita los preceptos de la Jazz Age: alcohol, jazz, flappers, ciudades grandes y cosmopolitas, espectáculos, dinero y muchas cosas más. Lo que no se me había ocurrido –y que afortunadamente no tuvieron que pasar años para que descubriera- era si la historia estaba basada en hechos reales o simplemente a alguien se le ocurrió de la nada desarrollar personajes y contextos tan extraordinarios. Esta pequeña inquietud me llevó de inmediato a conocer la puritita verdad: las asesinas Velma Kelly y Roxie Hart efectivamente existieron en mi década favorita.

Imaginemos por un momento que somos una chica pueblerina de Kentucky de tan sólo 28 años en plena Era del Jazz, tímida, con un título universitario, dispuesta a triunfar en la gran ciudad y que, en un golpe de suerte, encontramos un trabajo como reportera en el Chicago Tribune. Tan solo unas semanas después, estamos en el momento y lugar correctos y escuchamos que a uno de nuestros compañeros le asignan la historia de Belva Gaertner pero, como somos bastante tercas, le suplicamos al jefe que nos permita cubrir dicha historia y listo, un mes después nos asignan también el caso de Beulah Annan. En unos 6 meses nos convertimos en toda una sensación del periodismo; dos años más tarde escribimos la obra Chicago y se presenta en Broadway junto con una gira nacional que duró 2 años; en el ’27, nos compran los derechos de la obra para convertirla en película y gracias al éxito de ésta, nos mudamos a Hollywood para escribir más obras y más guiones y generar una fortuna de hasta 2.3 millones de dólares en nuestros últimos años de vida. Pues así de fascinante es la historia de la reportera Maurine Dallas Watkins, la mujer a la que le debemos Chicago y por lo tanto, una de las mejores historias de la gran pantalla y el teatro musical. Ella cubrió los asesinatos cometidos por Gaertner y Annan que fueron una verdadera locura mediática en Chicago en 1924 y que han servido como “ejemplo” para la prensa amarillista, aún 92 años después.

Si han visto el musical y/o la película, sabrán que las protagonistas de esta obra son las excéntricas Velma Kelly y Roxie Hart; Velma está basada en la vida de Belva Gaertner y Roxy en el de Beulah Annan. Pero también, existieron otros crímenes cometidos por docenas de mujeres a las que se les dio el nombre en conjunto de “Murderess Row” por haber asesinado a sus esposos, a sus amantes, o por golpearlos; todas estas mujeres estaban encarceladas en la Cook County Jail, como fue el caso de Kitty Malm, Sabella Nitti, Minnie Nichols, Rose Epps, Lela Foster y Wanda Stopa (quien prefirió ahorcarse a pertenecer a tan “distinguido” grupo de mujeres) que por supuesto inspiraron la famosísima Cell Block Tango (que obvio es de mis favoritas) aunque no sean las mismas historias que nos cuenta la canción.

Haciendo más comparativos entre la realidad y la ficción, el personaje del abogado defensor de este par de flappers, Billy Flynn, es la copia casi exacta del abogado de Beulah y Belva, William Scott Stewart, conocido por su estatus de celebridad y posteriormente, como el abogado oficial de la mafia. Él fue el encargado de tergiversar sus historias en innumerables ocasiones hasta convencer al jurado de que sus clientas eran mujeres inocentes. Ambas salieron en libertad pocos meses después de sus respectivos arrestos. Y si creían que algunos momentos de la trama eran poco creíbles, la realidad es que prácticamente todo sucedió tal y como nos lo cuenta Chicago: Roxie… o bueno, más bien Beulah, fingió un embarazo para tener la simpatía de jurado y del público en general; a Belva no le paraban de llegar ramos de flores a su celda junto con propuestas de matrimonio; ambas eran las “it girls” de la cárcel y se maquillaban, peinaban y vestían como auténticas flappers adineradas.

Voy a profundizar en los casos de Beulah y Belva, porque obviamente fueron los más escandalosos y también porque la mayoría de las otras mujeres encarceladas, o no eran lo suficientemente mediáticas gracias a su físico, edad y condición social (dos de ellas eran negras y por supuesto en esa época a nadie le importaba ni defenderlas, ni mucho menos conocer sus casos) y por lo tanto no hay mucha información al respecto, o algunas no tuvieron mucha suerte y permanecieron en la cárcel por el resto de sus vidas… ¡no tenían el dinero para contratar a William Scott Stewart! así de simple. En fin.

El 11 de marzo de 1924, el cuerpo de Walter Law de 29 años, fue encontrado sin vida en el coche de Belva Gaertner, con un disparo, una botella de ginebra vacía y por supuesto, una pistola. Cuando los oficiales fueron al departamento de Belva (al estar registrado el coche bajo su nombre), la encontraron con su ropa bastante salpicada de sangre y a ella con una terrible resaca, lo que hizo que únicamente recordara que efectivamente había estado la noche anterior bebiendo y visitando varias casas de jazz con Walter… pero hasta ahí. Obviamente es aprendida y llevada a la famosa Cook County Jail donde de inmediato se convierte en el alma de la fiesta (con todo y la cruda que cargaba); todas las presas querían estar con ella y bueno… Belva se transforma en una celebridad de la noche a la mañana.

Con 38 años de edad, un matrimonio anulado y otro en vías de divorcio, Belva solía ser una bailarina de cabaret (tal y como lo es Velma Kelly) antes de conocer a su segundo esposo, el millonario William Gaertner, 20 o hasta 30 años mayor que ella. Nada tonta, se casó de inmediato con este hombre que al poco tiempo le aburrió terriblemente y al que abandonó para vivir una auténtica vida flappera (medio extrema, diría yo). Se convierte en amante de Walter –nueve años menor que ella, casado y con un hijo- y el resto es historia. Algunos artículos relatan que, si bien Belva no era taaaaan atractiva, su estilo y su lengua vaporosa y apasionante la hacían un éxito con los periodistas. Douglas Perry, autor del libro The Girls Of Murder City del 2010, describe a Belva de la siguiente manera: “…su rostro era una cosa triste, mal concebida, todas sus facciones ligeramente fuera de proporción. Pero sus ojos arrogantes brillaban y saltaban fuera de su cara, lo que los hacía su rasgo más característico”. Más que utilizar su físico, Belva hizo uso de su clase, de su estatus de “esposa millonaria” y cautivó a todo el público con sus atuendos y pieles carísimas. Si bien le llegaban propuestas de matrimonio y ofertas para pagar sus abogados defensores, su entonces marido William (que estaban “quesque” separados en ese momento), regresó a implorarle que volviera con él y fue quien se encargó de contratar a William Scott Stewart (el abogado). La teoría real del asesinato es que Belva había disparado a Walter tras una fuerte discusión, ya que él quería dejarla; supuestamente ya lo había amenazado con anterioridad (pero con cuchillos y esas cosas), que si se atrevía a abandonarla, lo mataría, y el pobrecito de Walter ya hasta miedo le tenía. Sólo tres meses duró la cómoda estadía de Belva en prisión, gracias entre otras cosas a una carencia de pruebas y que su defensa alegó que en ese terrible estado de ebriedad, lo más probable era que el señor Walter Law fue quien se disparó a sí mismo. De mientras, Belva dejó un par de líneas interesantísimas para la posteridad, provenientes de una entrevista que precisamente le otorgó a Maurine Dallas Watkins: “Ninguna mujer puede amar tanto a un hombre como para matarlo. Ni siquiera valen la pena porque siempre habrá muchos más. Walter era tan sólo un niñato, 29 y yo 38. ¿Por qué tendría que haberme preocupado si me amaba o si iba a dejarme? Ginebra y armas… alguna de ellas es lo suficientemente dañina pero juntas, vaya que te meten en un maldito lío, ¿no es así?”. Me pongo de pie. Saliendo de la cárcel, Belva se “volvió a casar” con William Gaertner; unos años después la demandó alegando que lo amenazó con matarlo, así como por violenta y alcohólica, pero mejor se fueron a Europa hasta la muerte de William en el ´48.

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