Anaquel

Leer a F. Scott Fitzgerald en pleno Siglo XXI

Por: Mónica Castro Lara

Ya sé, ya sé… ¡ya basta del mismo tema de siempre! Pero no. Jamás dejará de sorprenderme lo ‘mire’ por donde lo ‘mire’. Los que ya me han leído anteriormente, saben perfectamente de mi apego obsesivo con la ‘Era del Jazz’ y mis ganas desbordantes de vivir una experiencia a la ‘Woody Allen’. Me cae el veinte que, hasta que la EFE! me lo prohíba, seguiré escribiendo y escribiendo y escribiendo sobre esta época tan chula y revolucionaria en infinidad de aspectos, que abarcan lo social, económico y político, hasta el cultural, el de la moda y el feminismo. Y quién mejor para juntar estos seis temas relevantes y tan contemporáneos que mi buen amigo y escritor F. Scott Fitzgerald.

Tiene un par de días que el Saturday Evening Post compartió a manera de aniversario el cuento ‘Bernice Bobs Her Hair’ de Scottie, que fue publicado en la misma editorial pero hace aproximadamente unos 97 años. Este cuento es uno de mis favoritos de Scott porque, a pesar de su simpleza y del tema tan mundano, es EL cuento de las flappers. Punto. Es la revolución flappera por excelencia y el documento oficial del feminismo capilar. En él, Fitzgerald nos pone sobre la mesa la rivalidad de unas primas que, muy a su manera, luchan insaciablemente por ser el centro de atención con los chicos y con el círculo de gente adinerada con la que se codean, hasta que a nuestra linda protagonista Bernice, se le sale de control la broma de cortarse el cabello; cuando lo hace, obviamente termina siendo la burla de todos y su familia se escandaliza ante la idea de presentarla así. El final es increíblemente vengativo, así que no se los contaré… mejor busquen el cuento y léanlo.

Todo esto me llevó a pensar qué impacto podría tener un cuento así, con una prosa así en el mundo actual… y por lo tanto ¿cómo leeríamos a Fitzgerald hoy en día? Es decir, con qué connotación. Antes que nada, me gustaría platicarles que mucho del estilo de redacción de Scottie y de eso que lo hizo tan popular en los maravillosos años 20, se pierde TOTALMENTE en la traducción al español y me imagino que también sucede con otros idiomas. La expresividad de los jóvenes en su cotidianidad, obviamente era muy diferente a la de los gringos de hoy en día; el slang de la jazz age es bastante curioso y divertido; un ejemplo muy random, la expresión ‘flat shoes’, que se utilizaba para describir una pelea entre una flapper y su goof o sweetie, o sea, su novio. ¿Cómo traduciríamos esa expresión al español sin perder el sentido jazzero de la época? Imposible. Pues así también sucede con su narrativa que, si la leemos de manera rápida, probablemente nos parezca muy cursi, rosa y poco profunda. Pero he de decirles que es todo lo contrario. Retomé mis apuntes del curso ‘Lost Generation’ (que me parece increíble que ya haya pasado más de un año desde que lo tomé) y gracias a los conocimientos del maestro Sabugal –y uno que otro personal-, puedo contarles por qué el impacto de los escritos de Fitz hasta la fecha.

Mediante sus novelas y la mayoría de sus cuentos, Scott Fitzgerald nos habló del clásico ‘american dream’, ese manual de instrucciones para garantizar una vida exitosa y con harto dinero a toda costa. Jay Gatsby, Marcia Medows, Dick Diver, son personajes que incansablemente buscaban la felicidad encapsulada en ese típico sueño americano. Mi querido Scott también lo padeció a su manera; después de su fallido intento por ser un héroe durante la Primera Guerra Mundial, la fama le llega muy rápido al igual que el alcohol y sus traumas personales, y ambos nos los salpica en cada hoja que escribía (por más romántico que pueda escucharse). Su tema predominante fue la libertad, aunque con unas envolturas bien rosas y hasta ‘pop’, pero repito, eso sólo era la fachada ya que los expertos concluyen que era igual de fatalista que Hemingway o que Faulkner, que igual vivieron en carne propia los estragos de la guerra. Básicamente, nos hace sentir el mismo dolor que sus contemporáneos pero, vendiéndonoslo de otra manera: hablando por debajo de la mesa del vacío de la modernidad, del crecimiento desmedido y el desarrollo urbano de las principales ciudades estadounidenses a través de la moda, del cambio de usos y costumbres, de aparentar constantemente lo que no se es, de las fiestas bien locas que había y a las que OBVIO asistía, etc.

Cuando hablábamos de todo esto en mi curso (que por cierto, extraño un poco), se nos venía a la mente de inmediato el estilo de otro de mis autores favoritos, José Agustín y la famosa ‘literatura de la onda’ que surgió en México por ahí de los años sesenta. Si ustedes han leído al buen Agustín, sabrán perfectamente de lo que hablo; tan sólo miremos a Gabriel Guía, el personaje principal de ‘La Tumba’… el desmadre defeño total y sus muy particulares formas de expresión. O veamos los escritos de Élmer Mendoza y su ‘narcoliteratura’. Lo paralelo de este trío de escritores es que nos hablan de una sociedad cambiante, con valores y prioridades demasiado distintas a las del status quo, pero que a final de cuentas, sea la época que sea, son bastante parecidas.

En conclusión, leer a Fitzgerald en el Siglo XXI, es leer a uno de los autores estadounidenses que más han inspirado a toda una nueva generación de escritores e incluso, a un estilo muy particular de redacción. En una sola frase, nos habla de la puesta del sol en Montana y finaliza describiendo a las arterias obscuras que se esparcen en un corazón envenenado. Así de dramático, así de emblemático. ¡Te quiero Fitz! Y por cierto, ‘Head and Shoulders’ no es sólo un emblemático shampoo, es uno de los mejores cuentos de Scott, chéquenlo cuando puedan.

Haga clic para comentar

Tu Respuesta:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ULTIMAS NOTICIAS

Arriba