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Oficio de fotógrafo: cuando la voz se convierte en imagen y viceversa

Por Mónica Castro

La luz cambia tanto… durante todo el día,

que me molesta mucho cuando veo algo con la luz idónea

y no llevo mi cámara”.

-René Padilla Quiroz-

Me parece que no era necesaria la llegada de un misógino, anaranjado, gordo y racista gringo para recordarnos el “consume local”, pero si ha servido de algo  dejar de mirar hacia otros lados y re direccionar nuestras miradas hacia el interior, bienvenido sea. Y no nada más se trata del consumo material, no… también en todo lo intangible. Por eso, la siguiente entrevista viene como anillo al dedo a los tiempos actuales que vivimos, para conocer y reconocer el trabajo de talentosísimos artistas locales –aunque no sé qué tanto mi entrevistado se considere un artista.

Más o menos al minuto 93, a unos 5 minutos de terminar nuestra entrevista, le pregunto casi de manera desesperada: “¿por qué tan humilde René?, me impresiona tu nivel de humildad”. Y era obvio que alguien como él, me respondería de la mejor manera posible y –sin intenciones de hacerlo- me callaría esa boquita tan negativa que a veces me cargo: “Gracias, qué bonito que me digas eso.  Me falta mucho… sí claro. La fotografía es algo en donde jamás voy a poder abarcarlo todo, entonces en el momento que diga “ya la armé”, voy a dejar de crecer y no me imagino algo peor que eso”. Yo creo que con esta frase, nos damos una buena idea de quién es René, cómo trabaja y por qué la fotografía es parte esencial de su día a día, una pasión que conoció desde muy chiquito, cuando le prestaban una cámara sin rollo y se sentaba en la banqueta del zócalo de Necaxa frente a la relojería de su mamá (la fotógrafa de la familia), según él tomando (¿haciendo?) fotografías a todos.

Para los que aún no tienen el gustazo de conocer a René Padilla Quiroz, les cuento muy, muy brevemente que él es comunicador profesional buapachoso al igual que yo (ya váyanse quitando eso de ‘comunicólogos’ porque esa palabra tan fea ni existe) y lleva unos 10 años trabajando en proyectos de fotografía publicitaria y naturalista, y fundó su estudio creativo llamado “E. Bloom”. Nació en Xicotepec de Juárez y es un enamorado de su ciudad y de su patria. Ama dar clases, porque constantemente lo reta a ser un mejor profesional; se considera purista debido a que Photoshop no forma parte incondicional de su trabajo (más que para nivelar ciertos contrastes, colores y sombras) y finalmente es bien, pero bien positivo en TODOS los aspectos de su vida, en el estilo y en la impronta de su fotografía.

“Soy… soy bien positivo. Mi fotografía va mucho con mi personalidad, con ese elemento al que le hacen muchísima burla. Busco belleza en todos lados. Mi fotografía de demanda social y de protesta es a partir de este tipo de fotografía. Llego al lugar más cucho, al pueblito más abandonado y digo: “no manches está bien padre”. Pero sí… es el tipo de cosas que hago; con todas las noticias que hay en el mundo y que comparten en redes sociales, yo prefiero subir un time lapse de un atardecer y les digo: no se preocupen, todo va a estar bien”.

 Al principio de la entrevista, cuando lo noto bastante nervioso, aferrándose casi a su mochila y sintiéndose observado (algo que literalmente me dijo), comienzo cuestionarle las típicas preguntas. Claramente voy notando cómo poco a poco cambia su actitud; se relaja, suelta la mochila, comienza a hablar sin dudas ni pausas, a expresarse con las manos, a apoyarse de un rico café para retomar el aliento y de inmediato me doy cuenta que, aunque suene bien trillado y hasta cursi, la fotografía y él son prácticamente uno mismo… ambos tienen una necesidad enorme por contar historias y darle voz a aquellos que no la tienen, sello particular que impregnó en sus 14 libros titulados “Tierras de Historia” que abordaré más adelante en esta entrevista.

“Sabes… tuve un muy buen maestro en la universidad, era la onda. Al final de la clase tenías que entregar 10 fotos diferentes con las 10 técnicas que habíamos visto en el curso, entonces te seleccionaba para una exposición de fotografía… de ley entraba una. Yo entregué las 10 justitas y de esas me seleccionó 8 para la exposición y me dijo: “dedícate a esto” y pues ya… le hice caso. Ese fue el momento en el que decidí dedicarme a la fotografía”.

Para René, el concepto de fotógrafo profesional es bastante complejo pero, considera que iniciar tu “consolidación” en el ámbito implica exponer por primera vez solo, cuando la gente va a ver tus fotografías a un espacio que te ganas exclusivamente a través de tu trabajo. Eso le sucedió en el Salón de Cabildos del Palacio Municipal de Xicotepec –su muy querido “pueblo” y protagonista de dicha exposición- hace más o menos siete años. Se llamó “Reflejos” y realmente era sólo fotografía de él, no había una temática en específico. “Ya sé, fue una locura… yo hice un postercillo para publicitarla pero, a la mera hora mandaron a hacer una lona enorme con mi cara y la colgaron del Palacio, entonces sí fue como: “ahí estoy, ups… creo que se está poniendo serio esto de la foto”.

 Si de casualidad se están preguntando en dónde o qué cursos ha tomado el buen René, se llevarán la misma sorpresa que yo: sólo ha tomado 1 curso de fotografía digital y composición en la Academia de Artes de Florencia que duró un mes y de ahí, todo lo ha aprendido solo. “Para eso sí soy bien autodidacta. Es leer e intentar, leer e intentar.” Por lo que los aplausos deben de ser aún más estridentes.

Gracias a que René fue el primer ‘Funding Story’ mexicano con su historia “Where Coffee Grows” en Maptia –empresa inglesa que realiza todo un mapamundi a base de historias no convencionales de fotógrafos- y a que ganó el concurso de microaventuras de talla internacional creado por Alastair Humphreys –“Explorador del Año” por National Geographic-, pudo hacerse una idea general sobre lo que buscaba en su próximo proyecto y que finalmente logró cuando sintió que verdaderamente le hizo justicia a la microhistoria de la cotidianidad. Es ahí en donde comenzamos a platicar largo y tendido sobre sus casi dos años de trabajo plasmados en los 14 libros que ya mencioné, una idea respaldada por el Diputado Federal José Luis Márquez Martínez y que recorre 14 municipios del norte del Estado de Puebla; lugares como Zacatlán, Chignahuapan, Tetela de Ocampo, Ocotepec, Nopalucan, Aquixtla, Ixtacamaxtitlán y Libres (que coincidentemente son 8 de los libros que actualmente ya están impresos).

“Tierras de Historia” fue una experiencia que indudablemente le cambió la vida a René y a quienes lo acompañaron en todos los viajes, ya que no hace fotografía de la misma manera, ni percibe a nuestro país como antes. Y déjenme decirles que nuestro buen fotógrafo, no sólo se dedicó a hacer las increíbles fotografías de sus libros, sino que además, lo redactó y lo editó con ayuda de la diseñadora María José Hernández –su socia en “E. Bloom”-, el poeta Javier Gutiérrez –su corrector de estilo- y a la compañía de su mejor amiga, Leonor, además del apoyo incondicional de su familia y amigos.

“Todo lo escribí yo, con la ayuda de mi corrector de estilo. Creo que ahora que volteo atrás y veo todo lo que fue… sí me volvería loco. En los libros, dejé que la gente hablara; yo fui a darle voz a la gente de los pueblos, a que se construya el imaginario por ellos. Tengo horas y horas de preciadas grabaciones porque de repente una entrevista se tornaba de 4 horas y tampoco los querías parar”.

Un poco de investigación, un scouting mental y siempre tomar en cuenta la parte intangible (leyendas, viejitos, artesanos), fueron algunas de las cosas que René tenía previstas antes de llegar al lugar correspondiente, aunque algo que le cambió la jugada de manera muy, muy positiva y que se volvió parte fundamental de sus libros, fue la figura del cronista, que de acuerdo a sus palabras, es una labor maravillosa, un puesto vitalicio que desafortunadamente no cuenta con el apoyo que debería; son personas que no cuentan con un sueldo y que a pesar de ello, promueven con muchísimo orgullo el lugar de donde vienen. “Hacen mucho con nada. Siempre nos echaron la mano. En los libros la constante fue contar la historia a través de las palabras del cronista. Jamás encontramos a alguien que fuera celoso de la información que nos compartía”.

Ahora, ya que el propósito de “Tierras de Historia” es esta búsqueda inagotable por reencontrarnos con nuestra identidad a través de la fotografía y a que revistas como EFE! tienen deseos de darle difusión a dichas propuestas, he decidido copiarle a René y dejar que él nos cuente estas 2 historias maravillosas que, de acuerdo a lo que vi, hicieron que se le iluminara el rostro instantáneamente y no le veo el caso a que yo las edite o las parafraseé. Son historias que forman parte de sus libros y que nos hacen querer leerlos lo más pronto posible.

1 “[…] la historia del azadón a mano, me dijeron: “tienes que levantarte a las cuatro de la mañana, subes por esta calle y sigues el sonido”. Desde ahí está precioso. Eso sí, hacía un frío terrible, todo cubierto de neblina, con la duda de ¿sí voy a llegar? Y sí, de repente escuchas los martillazos en una cuevita, medio enterrada porque necesitan mantenerse alejados del aire… ves tres hornos encendidos y están cuatro personas, parece que están bailando… se coordinan perfectamente sin hablar para dar los martillazos y sacan una cantidad impresionante de azadones en un día. Ellos siguieron trabajando pese a todo, y actualmente es la única fragua. Incluso a los azadones le ponen como sello las iniciales del bisabuelo “A.S” y ellos solitos me dicen: “no podemos bajar la calidad porque es el trabajo de mi bisabuelo, es el nombre de mi abuelo, es nuestro deber mantenerlo”. Ese tipo de actitudes me encantaron”.

2 “[…] igual un señor en Chignahuapan, lo sacamos de su casa que estaba como a tres casitas de su taller; sale apoyándose en una silla de ruedas porque se acabó el cartílago de las rodillas por trabajar toda su vida en el telar. El telar son pedales, entonces él pasaba no sé… 10, 12 horas al día ahí. Entonces ahí vamos con el señor todo frágil, caminando súper lento y al momento de subirse al telar, como si nada… su cuerpo perfectamente acoplado. Impresionante. Y le preguntaba ¿cuántos años lleva en el telar? Y me responde: “los que me ve, joven”. Ese telar lleva 200 años en su familia. Increíble. Por lo tanto, me ha gustado mucho eso de la historia detrás, y ahora busco cosas que tengan algo más allá que un sólo producto, en verdad, usar una cobija, ponerte una cotorina hecha por ese señor, no puede significar lo mismo que comprarte una chamarra… jamás. No hay forma de que tengan el mismo valor. Entones, siento que para allá va a ir mi fotografía, definitivamente; hacer visible todo eso que está detrás y empezar a contrarrestar este consumismo absurdo y sin sentido, por un consumismo que te lleve algo detrás, que le otorgue un valor diferente a las cosas”.

 

Finalmente, cuando le pregunto qué es lo que más le impactó en general al vivir toda esta experiencia, esta fue su respuesta:

“En general la lucha intensa de la gente por conservar su pasado; cómo se sienten orgullosos de donde vienen, de lo que han aprendido y están luchando con todo para conservarlo. Desde el señor que vivía aquí en Puebla y decidió dejarlo todo para echar a andar la hacienda de sus antepasados y ahora vive del campo, hasta el señor que tiene una forja y hace azadones como los hacía su bisabuelo. Son cosas que les hacen sentir muy orgullosos y que se la están viendo difícil por el famoso ‘dragón’ decían, el dragón chino, cosas que vienen de China mucho más baratas pero que obviamente jamás tendrán la misma calidad”.

Contadas son las veces en que he tenido la oportunidad de sentarme y escuchar hablar a alguien tan apasionado con lo que hace. Mi admiración hacia René se queda corta cuando vuelvo a escuchar esas historias que tanto lo marcaron y sobre todo, el esfuerzo y las ganas por hacer de estos libros una realidad. Me parece que debemos exigir la publicación de “Tierras de Historia” y conocer lo que verdaderamente es nuestro México; su gente y su cultura, su cotidianidad y sus colores, sus leyendas, sus historias y su hermosísima naturaleza. Gracias por tanto René, seré la primera en pedirte los 14 libros autografiados.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Leopoldo Castro

    5 Marzo, 2017 at 16:20

    Una gran entrevista para un gran fotógrafo. Sugiero hacer una segunda entrevista porque me dejaron “picado”.
    Saludos

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